El Debate entre Kliman y Romaniega. Marx Vuelve a Ganar

 

por Sebastián Hdez. Solorza

 


See the English version: The Debate between Kliman and Romaniega: Marx Wins Again


 

Nota del editor: Las versiones en español e inglés del comentario de A. Sebastián Hdez. Solorza se publicaron en el sitio web de Tiempos Críticos el 16 de julio de 2026. Agradecemos al autor que nos haya permitido reproducirlas aquí. Sus referencias al “Capítulo 5” se refieren a “Contradicciones de la fórmula general” (págs. 152-161), que corresponde al Capítulo 5 en las principales ediciones en inglés de El Capital de Marx. Su comentario dialoga con diversas publicaciones de Álvaro Romaniega, así como con la respuesta de Andrew Kliman a Romaniega y el debate que tuvo lugar entre ambos en la sección de comentarios del artículo de Kliman.

 

 
Introducción

En este texto expongo mi postura respecto del debate entre Andrew Kliman y Álvaro Romaniega. Lo hago porque, detrás de una controversia aparentemente técnica, se encuentra una cuestión científica fundamental: la diferencia entre demostrar la validez lógica de un argumento y establecer la verdad empírica de una teoría. La objeción de Romaniega termina adoptando una posición epistemológicamente insostenible porque exige una demostración lógico-matemática y abstracta de la veracidad de una teoría empírica antes de admitir las consecuencias que se derivan de ella.

Quizá este desplazamiento guarde relación con la concepción epistemológica apriorística asociada a una parte de la escuela austríaca, especialmente con la praxeología de Mises. Desde esa perspectiva, la economía no se concibe primordialmente como una ciencia empírica, sino como una ciencia deductiva de la acción humana en la que se parte de determinados axiomas considerados evidentes y deriva de ellos sus conclusiones mediante razonamientos lógicos. Sin embargo, convertir ese método en el criterio universal con el cual deben evaluarse todas las teorías económicas conduce a un error categorial. La lógica puede determinar si una conclusión se sigue correctamente de ciertas premisas, pero no puede determinar, por sí sola, si esas premisas representan adecuadamente la realidad. La verdad de una teoría empírica no se decide mediante una deducción a priori, sino mediante su capacidad para identificar, explicar y articular de manera coherente los fenómenos reales.

 

1. El núcleo del debate

En las primeras dos versiones de la crítica de Romaniega presenta gt · xt+1 como una hipótesis adicional de la Interpretación Temporal de Sistema Único (TSSI por sus siglas en inglés). Desde la tercera versión formaliza su objeción mediante dos pasos: primero, el intercambio de suma cero implicaría que las desviaciones respecto de cierto precio de referencia pᵒ se cancelan: (p − pᵒ) · x = 0, , y segundo, para convertir esa condición en la igualdad de la TSSI: g · x = (p − λ) · x = 0, donde sería necesario identificar p = λ, y donde λ es el vector de valores marxistas. Su ejemplo utiliza p ≠ λ precisamente para mostrar que la primera igualdad puede cumplirse mientras la segunda no.

Kliman responde que Romaniega ha introducido un precio de referencia que no pertenece al argumento original. En la TSSI, g no significa una desviación respecto de un patrón independiente y neutral, sino que se define como la ganancia o pérdida de valor en el intercambio y, por tanto p = λ + g.

Si la circulación es de suma cero, la ganancia de valor de una parte es la pérdida de otra, de modo que g · x = 0. De ahí se sigue directamente:

p · x = (λ + g) · x = λ · x

El precio total es igual al valor total, aunque los precios individuales difieran de sus valores. Es decir, Marx gana de nuevo.

 

 

2. El error de Romaniega:sustituir el objeto de la demostración

Aunque sea repetitivo, con la intención de ser enfático, repasemos paso a paso el error de Romaniega, el cual consiste en introducir una magnitud nueva, pᵒ, que no forma parte del razonamiento de Marx ni de la formulación de la TSSI, y utilizarla después para refutar una proposición que ninguna de ellas sostiene. En lugar de analizar si las ganancias y pérdidas de valor producidas por el intercambio se compensan, sustituye el valor marxista λ por un patrón alternativo y demuestra que la conservación medida respecto de ese nuevo patrón no implica necesariamente la conservación respecto de λ.

Romaniega parte de la condición:

(p − pᵒ) · x = 0,

y señala correctamente que esta no implica, en general,

(p − λ) · x = 0

cuando p≠ λ. Su contraejemplo es algebraicamente válido, pero no afecta al argumento de Kliman. La razón es que Romaniega está comparando dos magnitudes diferentes:

Δp = p − p, g = p − λ

La primera mide la desviación de los precios respecto de un patrón introducido por Romaniega, mientras que la segunda mide la ganancia o pérdida de valor en el sentido preciso en que Marx y la TSSI emplean ese concepto. Naturalmente, cuando p≠ λ, no existe razón alguna para que ambas desviaciones coincidan:

Δp ≠ g

Esto también puede verse mediante la identidad:

p − λ = (p − pᵒ) + (p − λ)

Al multiplicar por x, se obtiene:

(p − λ) · x = (p − pᵒ) · x + (p − λ) · x

Por tanto, aun cuando Romaniega suponga que

(p − pᵒ) · x = 0,

todavía permanece el término

(p− λ) · x

Pero este resultado únicamente muestra que su patrón pᵒ puede diferir del valor marxista λ. No demuestra que las ganancias y pérdidas de valor definidas por g = p − λ dejen de compensarse en el intercambio. En otras palabras, Romaniega prueba que la conservación respecto de una magnitud distinta no equivale a la conservación del valor; algo que Marx y la TSSI nunca negaron.

El contraejemplo, por consiguiente, cambia el objeto que debía analizarse. La cuestión original era si, dadas mercancías con valores λ, el intercambio a precios p puede crear una cantidad adicional de valor o solamente redistribuir la ya existente. Para responder a esta pregunta, la magnitud relevante es:

g = p − λ,

no la desviación respecto de un patrón externo pᵒ. Si la ganancia de valor de una parte es la pérdida de valor de la otra, entonces:

g · x = 0,

y se sigue inmediatamente que:

p · x = (λ + g) · x = λ · x

Romaniega no identifica una contradicción interna ni un error matemático en esta derivación. Demuestra una proposición diferente acerca de una magnitud que él mismo introdujo y después atribuye ese resultado al argumento que pretendía refutar. Su contraejemplo es correcto respecto de su propia construcción, pero irrelevante respecto de Marx y de la TSSI.

 

3. Por qué Kliman tiene razón en el debate

Dentro de la teoría de Marx y del objetivo interpretativo de la TSSI el valor λ es la magnitud previa al intercambio cuya redistribución se está estudiando. Introducir otro vector pᵒ, denominado ‘lo que realmente valen’ las mercancías, equivale a sustituir la teoría marxista del valor por otra teoría del valor. Eso puede constituir una crítica externa (¿por qué aceptar que λ es el valor correcto?), pero no demuestra una inconsistencia interna de Marx ni de la TSSI.

El ejemplo del comerciante lo muestra con claridad: si compra por 95 una mercancía cuyo valor es 100, obtiene 5, pero el productor pierde exactamente esos mismos 5. Se ha creado una ganancia individual mediante la circulación, pero no nuevo valor social total. Romaniega y Rallo confunden en este punto apropiación de valor con producción de valor.

La cuestión planteada por Kliman es de validez interna:

dadas las premisas de Marx, ¿se siguen las igualdades agregadas?

La respuesta es sí. Romaniega desplaza la discusión hacia la solidez o verdad de las premisas:

¿es realmente correcta la teoría marxista que determina λ?
Son preguntas diferentes. Refutar la teoría del valor de Marx podría volver falsa la conclusión como descripción de la realidad, pero no demostraría que la conclusión no se sigue de sus premisas.

Por eso la respuesta de Kliman es contundente:

Romaniega casi ha exigido una prueba lógico-matemática de la veracidad de la teoría del valor de Marx. Sin embargo, se trata de una teoría empírica, y ninguna teoría empírica se demuestra “correcta” mediante métodos lógicos, matemáticos o de cualquier otra índole a priori. Los fundamentos para la aceptación (no el rechazo) de una teoría empírica son a posteriori: predice o explica de forma plausible los fenómenos relevantes. Como el propio Marx señaló hace mucho tiempo: “La insistencia en la necesidad de demostrar el concepto de valor surge únicamente de la completa ignorancia tanto del tema en cuestión como del método científico”.

 
4. La cuestión científica y epistemológica

El sentido de la afirmación de Marx citada por Kliman debe precisarse. Marx no está sosteniendo que el concepto de valor deba aceptarse dogmáticamente, que no necesite justificación científica o que sea inmune a la crítica y a la evidencia. Lo que rechaza es la exigencia de “demostrar” el concepto de valor como si se tratara de un teorema matemático que pudiera deducirse a priori de axiomas más elementales. Un concepto científico que expresa una relación social real no se demuestra de la misma manera que una identidad algebraica, se desarrolla mediante el análisis de la realidad y se justifica por su capacidad para explicar de manera coherente los fenómenos que constituyen su objeto.

El valor no aparece en Marx como una definición arbitraria ni como una premisa elegida por conveniencia. Es una determinación teórica construida mediante el análisis de la mercancía, la división social del trabajo, el intercambio, el dinero y las relaciones capitalistas de producción. Su validez debe evaluarse por la capacidad explicativa del conjunto de la teoría, es decir, si permite comprender la forma mercancía, el dinero, la ganancia, el plusvalor, la competencia, la acumulación, las crisis, etc. Por eso, pedir una prueba lógico-matemática del concepto de valor, independiente de toda investigación de esos fenómenos, revela una confusión acerca de la naturaleza de los conceptos científicos y del método mediante el cual se conoce una realidad social.

Este criterio no es exclusivo de la economía. En las ciencias empíricas, las teorías no se “demuestran” como teoremas matemáticos; se aceptan provisionalmente porque organizan la evidencia, explican fenómenos y generan predicciones contrastables. La gravitación newtoniana, por ejemplo, no fue deducida de axiomas indudables, sino que se justificó porque explicaba y permitía calcular el movimiento de los cuerpos terrestres y celestes. Posteriormente, la relatividad general mostró que aquella teoría tenía un ámbito de validez limitado, sin que ello implicara que hubiese carecido de fundamento científico. Del mismo modo, la teoría microbiana de la enfermedad no fue probada mediante una deducción lógica abstracta, sino mediante observaciones microscópicas, experimentos, regularidades epidemiológicas y la eficacia de intervenciones basadas en ella. La teoría de la evolución por selección natural se sostiene por la convergencia de evidencia fósil, genética, anatómica y biogeográfica, no porque la existencia de la selección natural pueda derivarse exclusivamente de principios lógicos. La tectónica de placas tampoco se estableció demostrando a priori el concepto de “placa”, sino porque ese concepto permitió integrar y explicar la distribución de terremotos y volcanes, el desplazamiento de los continentes, el paleomagnetismo y la expansión del fondo oceánico.

Algo semejante ocurre con entidades teóricas que no son inmediatamente observables. Nadie exige que el electrón, el campo gravitatorio, el gen o una placa tectónica sean “demostrados” mediante lógica pura antes de emplearlos científicamente. Su existencia y sus propiedades se justifican indirectamente por los efectos observables que permiten explicar, por la coherencia de la teoría en la que se integran y por el éxito de las investigaciones que orientan. Esto no significa que tales conceptos sean incuestionables, ya que pueden ser revisados, redefinidos o abandonados si otra teoría explica mejor la evidencia. Significa únicamente que su evaluación pertenece al terreno de la investigación empírica, no al de la demostración matemática absoluta.

La analogía no demuestra por sí misma que la teoría marxista del valor sea verdadera. Sí muestra, en cambio, que exigir una prueba lógico-matemática a priori de su concepto fundamental constituye un criterio epistemológico impropio para evaluar una teoría empírica. La pregunta científicamente pertinente no es si el valor puede deducirse de axiomas incontestables, sino si la categoría de valor permite explicar coherentemente las formas y regularidades de la producción capitalista y si sus consecuencias son compatibles con la evidencia histórica y económica. Ese es el sentido de la observación de Marx: quien exige una “demostración del concepto de valor” confunde la prueba formal de un teorema con la justificación empírica y teórica de una categoría científica.

En otras palabras, la frase de Marx permite distinguir entre dos operaciones diferentes. Una cosa es demostrar formalmente una consecuencia a partir de ciertas premisas; otra es justificar científicamente las categorías mediante las cuales se interpreta la realidad. El concepto de valor pertenece a este segundo plano. La proposición del capítulo 5 pertenece al primero (una vez establecida una magnitud de valor previa al intercambio, Marx demuestra que la circulación pura puede modificar su distribución entre los agentes, pero no su magnitud total).

La exigencia de Romaniega no profundiza la discusión, sino que cambia su objeto, como ya se explicó previamente. La pregunta planteada era si la demostración del capítulo 5 contiene el error lógico que él afirmaba haber identificado. Al no mostrar ese error, Romaniega traslada la carga de la prueba y exige que Kliman demuestre previamente la verdad de toda la teoría marxista del valor. Pero una investigación particular no tiene que volver a demostrar cada uno de los conceptos que presupone para examinar una cuestión delimitada. El capítulo 5 no tiene como objeto reconstruir desde cero el concepto de valor, sino investigar si el intercambio puede aumentar una cantidad de valor ya existente. Kliman señala expresamente esta distinción: los valores son los datos de la transformación, mientras que la cuestión debatida es si las igualdades agregadas se derivan de ellos y de la demostración de Marx.

Se produciría, de otro modo, una regresión infinita. Antes de aceptar la demostración del capítulo 5 habría que demostrar la teoría del valor; antes de aceptar esa demostración habría que demostrar las categorías empleadas en ella; y antes de estas, demostrar las premisas que las sustentan. Ninguna ciencia podría comenzar bajo semejante exigencia. La ciencia formula conceptos a partir de la investigación de su objeto, deriva consecuencias lógicas de ellos y evalúa su capacidad explicativa frente a la realidad. No exige que cada concepto sea probado a priori antes de poder utilizarlo.

 
5. Conclusión: Marx vuelve a ganar

Una conservación medida respecto de un patrón arbitrario pᵒ no garantiza, por sí misma, la conservación medida respecto de λ, como sostiene Romaniega. Pero este resultado algebraico no afecta a la TSSI y, por consiguiente, tampoco refuta la demostración de Marx. En la TSSI, g no representa una desviación respecto de cualquier patrón que pueda introducirse retrospectivamente, sino la ganancia o pérdida de valor producida por el intercambio. Por definición:

g = p − λ

Si la ganancia obtenida por una parte del intercambio es exactamente la pérdida sufrida por la otra, entonces:

g · x = 0

Y, por tanto:

p · x = (λ + g) · x = λ · x

El resultado no depende de que cada mercancía se venda individualmente por su valor. Los precios pueden situarse por encima o por debajo de los valores y generar ganancias y pérdidas particulares. Lo que no pueden hacer es producir, mediante el intercambio puro, una ganancia neta para el conjunto de los participantes. La circulación modifica quién se apropia del valor existente, pero no crea una cantidad adicional de valor social.

Dentro de la teoría que Romaniega pretende refutar, λ es la magnitud de valor cuya redistribución se está analizando. Quien desee negar que esa magnitud representa una relación real debe elaborar una crítica externa de la teoría marxista del valor y confrontarla con la evidencia. Lo que no puede hacer es sustituir λ por otro patrón pᵒ, demostrar que ambas magnitudes no coinciden y presentar esa diferencia como una inconsistencia interna de Marx. Eso no es una refutación, es un cambio del objeto medido.

Introducir pᵒ como aquello que las mercancías “realmente valen” tampoco resuelve nada. Solo desplaza el problema: ¿qué determina pᵒ, qué relación social expresa y qué evidencia permite considerarlo más real que λ? Sin una teoría independiente que responda esas preguntas, pᵒ no constituye una alternativa científica al concepto marxista de valor, sino un patrón introducido ad hoc para producir el resultado deseado. El razonamiento se vuelve circular: primero se define como verdadero un patrón distinto de λ y luego se concluye que λ no es el patrón verdadero.

La objeción desemboca así en un escepticismo autorreferencial y en una regresión epistemológica porque se niega la posibilidad de analizar las consecuencias de una teoría mientras no se haya demostrado a priori la verdad absoluta de sus conceptos. Pero ese estándar no puede ser satisfecho por ninguna ciencia empírica y, aplicado coherentemente, impediría toda investigación científica.

Marx vuelve a ganar porque la demostración del capítulo 5 cumple exactamente el propósito que se propone. No pretende demostrar de nuevo toda la teoría del valor, sino responder una pregunta delimitada: ¿puede el intercambio, por sí solo, aumentar la cantidad total de valor existente? La respuesta es lisa y llanamente: no. Si una parte obtiene mediante el intercambio más valor del que entrega, otra debe recibir menos valor del que entrega. La ganancia de una es la pérdida de la otra; cambia la apropiación individual, pero no el valor total.

Romaniega demuestra únicamente que una desviación respecto de su patrón pᵒ no es necesariamente igual a una desviación respecto de λ. Eso es algebraicamente correcto, pero irrelevante para la cuestión debatida. No identifica un error lógico en Marx, no refuta la condición de suma cero y no demuestra que la circulación cree valor. Su contraejemplo sustituye la magnitud marxista que debía examinar por otra distinta y luego presenta la diferencia entre ambas como si fuera una contradicción de la teoría original.

Por tanto, el resultado del debate puede expresarse con precisión:

  • Kliman demuestra que la objeción de Romaniega no afecta a la demostración del capítulo 5,
  • Romaniega no refuta que el intercambio solo redistribuye el valor existente, y
  • Marx vuelve a ganar porque la distinción entre producción y apropiación de valor permanece intacta.

 
 

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